Abidal no marca goles, es cierto, pero su resistencia, sus ayudas a los centrales y su recorrido son sus mejores avales y no admite comparación.
*Al parecer jugará Benzema. Higuaín no ha superado las dolencias físicas y se cae del once.

por Iñaki Lorda
A día de hoy, todo el mundo habla de la genialidad de Guardiola, del bloque blaugrana, del brillante juego y de un sinfín de adjetivos justos y propios de un equipo y de un club como es el Fútbol Club Barcelona.
Hoy no hablaremos de los numerosos elogios, ni voy a descubrir el juego sublime de toque, ni de unos números escalofriantes que lleva haciendo el equipo blaugrana desde hace veinte meses. Hoy voy a ir un poco más allá de todo lo que se ha dicho del Barça.
Por eso mismo voy a hablaros de la generación del 87. En mi opinión no es casualidad que haya unos jugadores tan determinantes y que estén en un brillante estado de forma como lo son: Lionel Messi, Gerard Piqué, Pedro Rodríguez o Cesc Fábregas. Estos cuatro jugadores están a un nivel de forma espectacular, dos de ellos como son Piqué y Cesc son dos pilares fundamentales de la selección Española, indiscutibles en el Arsenal y en el Barcelona son dos grandes jugadores europeos llamados a dominar la nueva década que justo recién empieza.
Qué decir de Messi, actualmente mejor jugador del mundo y que solo le queda por demostrar el brillante futbolista que es con su selección Argentina en el mundial de Sudáfrica. Condecorado con numerosos premios y halagos parece realmente el elegido para terminar con el debate entre Maradona y Pelé sobre quien es realmente el número uno del fútbol mundial.
Por último, Pedro. Hasta hace muy poco futbolista desconocido para todos, pero el tinerfeño es una pieza clave en el Barça de Guardiola y gracias a él han conquistado
No sé que pensaran los entrenadores de cadetes de la época en la que estos cuatro genios comenzaban sus primeras patadas al balón (si bien es cierto que Pedro vino más tarde). El camino de ellos ha sido muy diferente, Piqué muy joven emigró a Manchester para más tarde volver a su casa, Cesc hizo algo parecido pero este emigró a Londres y se espera que como también hizo Gerard Piqué vuelva a su origen –más pronto que tarde-, Messi llegó jovencísimo a
GUARDIOLA, YO TE ACUSO
Artículo publicado en el Diario EL PAÍS el viernes 15 de enero
AUTOR: JOSÉ SÁMANO
http://www.elpais.com/articulo/deportes/Guardiola/acuso/elpepudep/20100115elpepidep_3/Tes
Os recomiendo la lectura de este excelente artículo de José Sámano publicado en el diario EL PAÍS. En dicho artículo se dicen a mi modesto entender verdades como puños que ciertos sectores de la prensa ha decidido omitir o pasar por alto en aras a su afán por vender basura...
"Hay equipos cuya eternidad está por encima de una derrota. Aquella Holanda de 1974 y 1978, el Brasil de 1982, el Madrid de la Quinta de Eindhoven y, por supuesto, el Barça de Pep Guardiola. Sí, el de Guardiola, porque nadie es más culpable que él de la patente de este equipo, obra cumbre del barcelonismo, ya un incunable del fútbol mundial. Guardiola es culpable de mucho más. Para empezar, de la noble ambición de unos jugadores que no distinguen torneos porque se toman cada cita como un placer. Y esculpable, faltaría más, de haber minimizado su papel en los éxitos -"con unos jugadores tan buenos..."- y haberlo amplificado, con cilicio incluido, en el único traspié -"he fallado a los jugadores"-
Guardiola es culpable, por supuesto, de que el equipo caiga con la pelota al pie, en la trinchera del adversario, frente a un portero épico, sin la más mínima renuncia a un estilo tan celestial que hasta sus contrarios lo admiran. Guardiola, estaría bueno, es culpable de haber alineado a algunos suplentes en un partido de ida ante el Sevilla en el que no subestimó a su estupendo rival, sino que sobreestimó a su grupo. Todo colectivo precisa de un gesto cómplice de su jefe. Guardiola fue coherente con lo que hizo en la pasada edición, cuando levantó el trofeo en Valencia, consecuencia, entre otras cosas, de su mimo al administrar una plantilla corta que el técnico necesitaba tener en vilo ante el maratón del curso. Y así fue. Bojan y Pinto fueron claves ante el Athletic en la última final; Sylvinho tuvo que dar un paso al frente por las circunstancias en Roma, en donde se midió a un tal CR; o Busquets, más suplente de Yaya Touré que este año, se vio de titular en las dos finales al improvisar el africano como central postizo.
Ante la torticera mirada de algunos, Guardiola es culpable de haber fichado a Chigrinski -tampoco es inocente con Ibrahimovic, pero eso no cuenta-, sobre el que azotan al técnico, en la diana de ésos que no perdonan a los triunfadores. Pues es tan culpable del ucranio como de Busquets, Pedro, Piqué y los premios universales a Messi. Aún quedan retorcidos que priorizan en el legado de Johan Cruyff los fichajes de Escaich y Korneiev, no los de Koeman, Laudrup, Stoichkov y Romario. O su desliz con Lucendo, locura embrionaria del alumbramiento de Amor, Guardiola, Ferrer, Sergi...
Guardiola es culpable, cómo no, de amar el fútbol, de sentir el Barça, de jamás olvidarse de hacer un guiño al último polizón del vestuario, aunque se llame Chigrinski. Como si alguien no pudiera equivocarse alguna vez, en caso de que el central resulte un fiasco. Eso está por ver, pero Guardiola ya es culpable. Como lo es de haber ventilado la caseta, donde hay más puntualidad, se vive de día y se duerme de noche. Ya nadie se deslengua, como sucedió en Villafranca del Penedés con el amparo presidencial, tras un demagógico ataque de cuernos. Guardiola es culpable de que por su falta de feeling con alguno de aquellos pretorianos laportistas el Barça pierda como perdió en Sevilla. No hay duda, de eso sí que es culpable este entrenador educado, sensible, con tacto, gusto exquisito y muchas inquietudes al margen de su obsesión por el fútbol. También es culpable de haber contribuido en este deporte a su alfabetización, mal que pese en la caverna, donde el verbo académico está mal visto. Este es el guardiolato, gran favor del Barça. Benditoculpable. Si todos fallaran así..."
JOSÉ SÁMANO
El País
